Viaje al Mictlán en el Museo del Risco

Si fallece y no murió en batalla, parto, sacrificio o por agua, irá al Mictlán.

Lo pondrán en cuclillas, lo cubrirán firmemente con mantas, le pondrán una piedra en la boca, como representación de su corazón, sacrificarán a su perro y usted será incinerado.

En la ofrenda pondrán su ropa, objetos de valor, agua y otros elementos que le ayuden en el camino.

Iniciará así su ruta de nueve dimensiones hacia él lugar subterráneo y sombrío.

Su perro Xolotzcuintli, su compañero en vida, lo esperará en el Apanohuaya, donde pasa el río caudaloso, que deberá atravesar.

Superado el río, usted difunto, deberá pasar rápidamente por los cerros que se abren y cierran para no ser triturado.

Otro cerro cubierto de filosos pedernales que desgarrarán su piel, vientos helados que lo cortarán y otros más, coloridos, que no lo dejarán avanzar… Son los siguientes tres planos que tendrá que pasar.

En el Temiminaloya, el dios que recoge las flechas perdidas por los guerreros, lo acosará con ellas.

La piedra que le pusieron en la boca en su ritual funerario, le será útil.

Ese jaguar, Tezcatlipoca, devora los corazones de los viajeros… Dele el suyo, su piedra.

Ya, en la octava dimensión de tan difícil ruta, puede perderse, en el Itzmictlan Apochcaloca, lugar donde se enceguecen en el camino de la niebla.

Han pasado cuatro años, lleve sus ofrendas a Mictlantecutli y Mitecacihuatl, señores de la muerte.

Si descansa, desaparece o se transforma en colibrí, usted está en el Mictlán.

Por el Mictlán vive la tierra, sigue en movimiento.

Esta es una posible respuesta al origen de los altares de muertos y las ofrendas… En el calendario mexica dedicaban dos meses a estos rituales.

Las ofrendas obligatorias eran a los ochenta días y cada año hasta cumplirse los cuatro que duraba el viaje al Mictlán.

Este recorrido está representado en el Museo Casa del Risco, en San Ángel… Hasta el 18 de noviembre.

Mario López Peña

Ofrendas del Día de Muertos

Flores, panes y calaveras… Muestras de respeto, del gusto por el recuerdo de nuestros muertos, con coloridos altares.

Para conservar esta tradición mexicana de las ofrendas, hay diversas opciones que pueden resultar interesantes.

La mega ofrenda de la UNAM, en su décimo cuarta edición, fue dedicada al escritor argentino Jorge Luis Borges, a 25 años de su muerte.

Todas las ofrendas están en la zona de las islas de Ciudad Universitaria, frente a la biblioteca central.

En el montaje  de los cerca de cien altares, participaron más de tres mil estudiantes.

La megaofrenda estará en exhibición hasta el dos de noviembre, de las diez a las 21 horas.

En el Museo de Culturas Populares, en Coyoacán, hay espacios para disfrutar de la estética en la visión acerca de la muerte en México.

El tzompantli era un muro con cráneos de personas sacrificadas en ofrenda a los dioses prehispánicos… En su recuperación temporal está el tzompantli gráfico, homenaje a esta carga mítica y cultural.

Se conforma por 20 calacas elaboradas con base en expresiones gráficas como ilustración, graffiti, cómic, diseño y arte contemporáneo.

En el mismo museo, está la exposición “Ofrendas con la boca y con el pie, lienzos llenos de tradición”, realizados de esa forma por artistas con discapacidad, que plenos en habilidad nos muestran otra  manera de contemplar el color y las formas de los altares de muertos.

En el Centro Nacional de las Artes, se lleva a cabo la décimo primera Feria de las Calacas, feria que introduce a los orígenes de la cultura sobre la muerte.

Los niños podrán acercarse a las tradiciones mexicanas, con una perspectiva didáctica.

Hay talleres, espectáculos de danza, teatro, música, exposiciones, cuentacuentos y una amplia oferta gastronómica… Permanecerá hasta el dos de noviembre.

En el Museo Nacional de San Carlos, está el altar de muertos dedicado a los santos mártires representados en la colección permanente del museo.

Entre el cempasúchil y los panes de muerto, está la rueca con la que se intentó herir el pecho de Santa Catalina, las saetas que hirieron a San Sebastián o la cápsula con la sangre de San Genaro, son algunos elementos representativos de este altar de muertos.

En suma, diversos espacios para recordar y mantener con vida la tradición mexicana de las ofrendas y de respeto a la muerte.

Mario López Peña